Emoción

Cultura eres tú

Lo que sabes y no sabes. Lo que practicas y lo que no. Lo que te interesa y lo que desdeñas. Todo es cultura. Tu mirada sobre las cosas es cultura. Tus habilidades son principios de cultura antigua y actual. Más que nunca hemos aprendido en este confinamiento y en una circunstancia hostil entre la vida y la muerte que en la cultura estamos todos: creadores, espectadores, lectores, desinteresados, ensimismados en su pequeño mundo. Todos. Hacemos cultura cada día sin ser conscientes. Cada persona en su ámbito representa cultura.

Desde luego que hay quienes se dedican a la cultura con mayúsculas, como profesión y aspiración: actores, artistas, directores, escritores, músicos, bailarines, y otros. Pero no tienen el patrimonio de la cultura solo los que trabajan directamente en ella. La cultura está también en cada cual, construyendo miradas y actos y trabajo y cotidianidad. Veamos a qué nos referimos.

Echar de menos, ahora sí

Al fin vamos sabiendo el verdadero significado de esta expresión: echar de menos. Cuántas veces no la hemos usado en vano o sin motivo. Cuántas veces echar de menos era quejarse de distancia, de alguna pérdida, del hijo estudiando en otra ciudad, del novio ausente. Ahora ya sabemos el alcance que supone echar de menos.

Echar de menos familia, calle, escuela, ruido, coches, viajes, paseo, quedar, comer fuera, ocio callejero, ir de compras, el mar, el arroyo del pueblo, la plaza donde nos conocimos, el colegio junto al mercado, el parque  para correr. Echar de menos es expresión de toda la humanidad que albergamos, ahora que en verdad nos enfrentamos a nuestra propia humanidad.

Quién me ha robado el mes de abril

“Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón”, cantaba Joaquín Sabina. Y así es, nos han robado el mes de abril, porque el estado de alarma se prolonga hasta el 26 o hasta no se sabe cuándo. Y estaremos confinados, luchando en el silencio contra un bicho invisible que nos roba como un ladrón esta primavera. Ya son demasiados muertos y muchos más contagiados. Tenemos el alma en vilo, y a veces la tristeza nos invade y lloramos a los caídos. Hoy mismo nos hemos enterado de que ha muerto Luis Eduardo Aute, paladín de causas perdidas, compositor maravilloso, que reivindicó la belleza por encima de la realidad corrupta.

Ya está, nos han robado abril, su primavera excelsa, los prados y el agua que siempre nos aguardan en su sitio, corriendo o en mareas. Pero no podemos dejarnos vencer ni por un virus ni por la ausencia de las calles.

Elogio de los héroes anónimos

Queridos lectores del blog, amantes de la cultura del agua del Hammam:
Aprendemos incluso en la adversidad. En estos días de encierro, sabemos de miles de personas que se han convertido en héroes de esta crisis sanitaria provocada por el coronavirus. No hablamos de políticos, líderes, intelectuales, lumbreras. No, aquí la ciudadanía ha demostrado que los héroes son anónimos y pequeños, grandiosos y sin hazañas. Mientras sigue el ritmo de contagiados y muertos, con la tristeza sin límite por los que caen, inquietos por nuestra propia suerte, surgen los héroes debajo de la piedras:

Padre solo hay uno

Con la película La vida es bella (Roberto Benigni, 1999) evocamos la figura de un padre marcado por la tragedia del holocausto que, sin embargo, cuida a su hijo con amor y juego para que viva la experiencia como una aventura. No cabe mayor entrega e imaginación que la de ese hombre que desea salvar a su hijo del infierno de la Segunda Guerra Mundial, como si no hubiera pasado por ella.

Pero no es la única muestra de la figura del padre como héroe y ser humano grandioso y contradictorio. Desde el cine, como documento audiovisual del último siglo, hay cientos de filmes maravillosos en los que se analiza el paradigma paternal desde ángulos diversos: del peor al mejor, del tierno al perverso, del consciente y comprometido al ausente.

Milagro o lógica: lo que hacemos con las manos

Pensamos en clave de  invierno. Descubrimos lo que apenas merece atención y sin embargo merece toda la atención. Qué hacen las manos: mil cosas cotidianas y extraordinarias: gestualizar mientras dialogamos, practicar la comunicación no verbal y no consciente (Flora Davis, una joya de ensayo para conocernos), expresar sentimientos, acariciar, apretar en los abrazos, cocinar los alimentos, teclear móviles y portátiles, tocar música, preparar recetas, tomar el pulso a la fiebre, palpar la madurez de un fruto, rozar las mejillas, el pelo o los labios, sujetar o impedir una caída, sembrar plantas, limpiar las superficies y los rincones, organizar los ladrillos y los cimientos, decorar los espacios habitables, sanar las heridas, servir las copas, escribir en la pizarra los quebrados y  ecuaciones, señalar direcciones, cambiar pañales de bebés, inyectar el medicamento, maquillar las ojeras, pintar los labios, peinar los cabellos, extraer los minerales, regar las flores y los arbustos, tejer prendas de abrigo, bordar motivos, dibujar escenas de animación, pintar el arte clásico o de vanguardia, hacer esculturas, enviar mensajes a través de las redes, dar placer, aliviar las tensiones del otro. Y mucho más.

El amor ha cambiado de siglo

¿Por qué febrero para celebrar el amor? El 14 de este mes es San Valentín. Merece la pena revisar este concepto para conocer su evolución hasta nuestros días. Desde la fiesta pagana de los romanos dedicada a la fertilidad hemos devenido en una fiesta católica. La esencia no cambia tanto, solo mudan sus símbolos y su significado, la conducta y la libertad.

Para el comercio, es día señalado para vender productos desde semanas antes: perfumes, joyas, ropa, caprichos, bombones. Y más, siempre más. Para nosotros, tal vez sea presente para reflexionar sobre el concepto del amor y sobre nuestra compañía, en la que encontramos acaso algo parecido al amor. O tal vez amor de verdad. Regalo de vida y futuro.