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Durante siglos, el baño ha sido un lugar de cuidado, pausa y observación. En Al Ándalus, el Hammam formaba parte de la vida cotidiana: un espacio donde el agua, el calor y el tacto acompañaban a las personas en su forma de vivir. Hoy, ese legado se encuentra con una pregunta contemporánea: ¿qué ocurre realmente en el organismo cuando vivimos una experiencia termal?
Responder a esa pregunta exige rigor. Por eso, Hammam Al Ándalus ha impulsado un proyecto de investigación en colaboración con la universidad, con el objetivo de analizar, desde un enfoque sanitario, los efectos de la experiencia termal completa: agua, masaje y entorno.
Tradición observada con mirada científica
La investigación, dirigida por la doctora Irene Cantarero (Universidad de Granada, área de Fisioterapia), parte de una idea sencilla: el masaje y el uso del agua son recursos terapéuticos utilizados desde la antigüedad. Culturas como la griega, la romana o la tradición ayurvédica ya los empleaban cuando no existían los medicamentos modernos. La ciencia actual permite, por fin, medir qué efectos producen estos estímulos en personas reales, en un entorno real.
Para ello, el Hammam se convirtió en un laboratorio natural. Personas sanas, pero con niveles elevados de estrés —una condición común en nuestra sociedad— participaron en un ensayo clínico de alta calidad metodológica. Se compararon tres situaciones: una intervención placebo, un masaje aislado y una experiencia termal completa (baño, contraste de temperaturas, vapor y masaje).
Qué se midió (y por qué importa)
No se trataba solo de saber “si la gente se sentía mejor”, sino de observar cambios objetivos antes, después y al día siguiente de la experiencia. Se analizaron, entre otros factores:
- Niveles de estrés y ansiedad
- Estado de ánimo
- Calidad del descanso
- Actividad del sistema nervioso autónomo (a través de la variabilidad de la frecuencia cardíaca)
- Marcadores hormonales como el cortisol
- Indicadores de inflamación de bajo grado
Este enfoque permite entender no solo el efecto inmediato, sino si ese efecto se mantiene en el tiempo, aunque sea de forma transitoria.
Resultados: del bienestar percibido al efecto medido
Los resultados mostraron que la experiencia termal completa —más que el masaje aislado— producía cambios significativos: reducción de la ansiedad, descenso del estrés percibido y una mejora del estado emocional general. Estos cambios se acompañaban de una activación del sistema nervioso asociado a la recuperación y al descanso, con efectos que persistían hasta 24 horas después.
También se observaron descensos en los niveles de cortisol y en marcadores de inflamación de bajo grado, indicadores que la ciencia relaciona con el desgaste acumulado del día a día. No se trata de “curar”, sino de favorecer condiciones fisiológicas más equilibradas, especialmente en personas sometidas a estrés continuado.

El valor del entorno
Un aspecto clave del estudio es que no analiza el agua o el masaje de forma aislada. La experiencia Hammam incluye silencio, luz, arquitectura, sonido del agua y ritmo pausado. Esta “liturgia” —como la definen los investigadores— forma parte del efecto observado. No es lo mismo recibir un masaje en un espacio clínico neutro que en un entorno diseñado para acompañar la calma y la atención.
Hacia un bienestar más preciso
Este trabajo abre una línea clara de futuro: avanzar hacia lo que el equipo denomina bienestar de precisión. Igual que la medicina actual tiende a personalizar los tratamientos, la experiencia termal puede adaptarse mejor a las necesidades de cada persona: tipo de temperaturas, duración, intensidad del masaje, ritmo del recorrido.
No se trata de prometer más, sino de comprender mejor. De escuchar al cuerpo, medir, observar y ajustar.
Ciencia y tradición, en diálogo
El Hammam no deja de ser lo que siempre ha sido: un espacio de agua, tiempo y cuidado. Lo que cambia es la forma de explicarlo. Hoy, la investigación permite poner palabras y datos a una experiencia que durante siglos se transmitió por intuición y práctica.
En Hammam Al Ándalus, ese diálogo entre tradición y conocimiento sigue abierto. Porque cuidarse no es una tendencia, sino una forma de habitar el tiempo con más atención.



