Volver

El cuidado no siempre fue un lujo

Hay palabras que cambian de significado con el tiempo. «Autocuidado» es una de ellas. Hoy suele asociarse a pequeños gestos que interrumpen la rutina: una tarde libre, una sesión de masaje, un baño, un momento para uno mismo. Con frecuencia aparece ligado a la idea de premio, como si el cuidado fuera algo que llega …

Hay palabras que cambian de significado con el tiempo. «Autocuidado» es una de ellas.

Hoy suele asociarse a pequeños gestos que interrumpen la rutina: una tarde libre, una sesión de masaje, un baño, un momento para uno mismo. Con frecuencia aparece ligado a la idea de premio, como si el cuidado fuera algo que llega cuando el trabajo ha terminado y las obligaciones ya están resueltas.

Sin embargo, basta mirar un poco atrás para descubrir que durante siglos el cuidado ocupó un lugar muy distinto en la vida cotidiana.

En muchas culturas mediterráneas, y de forma especialmente visible en Al-Ándalus, cuidar del cuerpo no era una actividad excepcional ni una concesión al ocio. Formaba parte del modo de habitar el tiempo. Igual que se reservaba un momento para preparar la comida o para reunirse en torno al té, también existían espacios destinados al baño, al descanso y a la conversación pausada.

No porque aquellas sociedades vivieran sin preocupaciones —sería ingenuo pensarlo—, sino porque comprendían algo: el organismo necesita alternar actividad y recuperación para mantenerse en equilibrio.

Resulta llamativo que los baños públicos ocuparan un lugar tan importante en las ciudades andalusíes.

No eran únicamente espacios dedicados a la higiene. Eran lugares donde coincidían diferentes ritmos de la vida urbana. Allí el tiempo transcurría de otra manera. El recorrido por las distintas salas, el agua, el calor y el reposo formaban parte de una secuencia conocida por todos, integrada en la rutina semanal mucho antes de que habláramos de gestionar el estrés o de desconectar.

Aquella costumbre respondía, por supuesto, a razones religiosas, sociales e higiénicas. Pero también reflejaba una comprensión intuitiva del cuerpo: después del esfuerzo venía la recuperación; después de la actividad, la pausa.

Hoy conocemos mejor qué ocurre durante esos periodos de descanso.

El sistema nervioso necesita señales que indiquen que la situación de alerta ha terminado. El calor, la ausencia de estímulos intensos, el silencio o determinadas experiencias sensoriales favorecen procesos de regulación que ayudan al organismo a recuperar su equilibrio.

Desde esa perspectiva, el cuidado deja de entenderse como un premio para convertirse en una condición necesaria para que el cuerpo siga haciendo bien su trabajo.

Quizá el verdadero cambio no consista en dedicar más tiempo al cuidado, sino en dejar de considerarlo una excepción.

Con motivo del Día Internacional del Autocuidado el 24 de julio, quizá merezca la pena revisar la propia palabra.

No para añadir una nueva obligación a la agenda, sino para recuperar una idea mucho más antigua: que el cuidado forma parte de la vida cuando deja de aparecer únicamente en momentos extraordinarios.

En Hammam Al Ándalus esa tradición continúa viva. No como una recreación del pasado, sino como una forma de recordar que el agua, el calor, el masaje y la pausa nunca fueron un lujo reservado para ocasiones especiales. Fueron, durante siglos, una manera de sostener el equilibrio cotidiano.

Feliz Día Internacional del Autocuidado. 

Otros artículos relacionados

El cansancio invisible del verano
19 de julio de 2026
·
Bienvivir y Salud

El cansancio invisible del verano

Si pensamos en el verano, solemos imaginar descanso, vacaciones y más tiempo al aire libre. Sin embargo, muchas personas llegan a esta época sintiéndose justo al contrario: con menos energía, peor descanso y una sensación de agotamiento difícil de explicar. No siempre ocurre porque hagamos más cosas. Muchas veces ocurre porque el organismo está haciendo …

Seguir leyendo

La atención también se entrena
12 de julio de 2026
·
Bienvivir y Salud

La atención también se entrena

Vivimos rodeados de estímulos que compiten constantemente por nuestra atención. Mensajes, conversaciones, pantallas, notificaciones, tareas que se superponen unas a otras. Rara vez hacemos una sola cosa al mismo tiempo. Quizá por eso prestar atención se ha convertido en una de las capacidades más difíciles de sostener. Y, al mismo tiempo, en una de las …

Seguir leyendo

Tu biensentir