Nunca han sido tan necesarias las mascotas como ahora que vivimos confinados y necesitamos afecto desinteresado para ir sobreviviendo en la lucha. Es decir, salud afectiva. Nunca hemos comprendido mejor el beneficio que proporcionan nuestros animales a la existencia diaria.
Los animales domésticos no temen vivir encerrados, porque le temen más al miedo del desafecto y del abandono. La intemperie les resulta más peligrosa que cualquier virus. Cuanto más en contacto en su relación con sus dueños o padres adoptivos, mejor. No somos dueños de nada, ni siquiera de un animal.