Uno siempre se queda a vivir en los veranos que le hicieron feliz. Septiembre llega despacito, de puntillas, pero con una gran sonrisa. No quiere ser brusco. Su rostro está repleto de paz. Todavía se balancea entre los cálidos días del verano. Te anuncia que es hora de volver a la rutina. Pero antes de eso, vamos a sentarnos en el suelo. Y a coger nuestra cajita de lata de los mejores veranos de nuestra vida.
A veces la realidad supera la ficción. Estamos en la calle, caminando con el impulso de nuestra rutina normal y, de repente, ocurre algo que nos deja boquiabiertos. Porque la naturaleza puede ser el escenario más impresionante, mucho más que un decorado de una superproducción de Hollywood. Cada cambio de estación nos sorprende un espectáculo atmosférico distinto. Repasamos fenómenos meteorológicos que han inspirado a personas de todo el mundo.
La noche enciende sus astros: es San Juan. Todos nos atamos a la cintura el agua -hay quienes sólo la saludan corteses con los pies- y aguardamos el vuelo en diagonal de un pájaro desvelado en blanco. Su vértigo entre el cielo acorazado, la mirada con la que miramos desde dentro y su chispa encontrándose con la boca del agua.