De repente, unas manos, por Virginia Galvín
Las manos en el cuello, trepándose desde la nuca, esa sima incógnita que sustenta la vida, el afán, el pensamiento. Siempre he creído que dejarse tentar la cabeza es la entrega más dulce, más expuesta y más brava. No permito que nadie, o casi nadie, me acaricie la frente, la nuca o coronilla. Si sucede …