Más que santa, sagrada, en cuanto a su sentido religioso, pero menos santa porque la población la vive desde cierta paganía, como fiesta de primavera en la que beber, comer y salir a las calles. Incienso y cera, sí, pero además bares y restaurantes.
Sin duda, esta semana de tradición católica, cultura popular y arte acumulado durante varios siglos, nos despierta a la luz y a nuevas sensaciones en esta estación.