¿Qué hace que un lugar sea un lugar? Hammam Al Ándalus en Territorio Sacromonte
Aprovecharemos la participación de Hammam Al Ándalus en Territorio Sacromonte para partir de una pregunta que está en el propio origen del festival: ¿qué entendemos realmente por territorio?
Un territorio puede delimitarse sobre un mapa, pero difícilmente puede explicarse únicamente a través de sus fronteras. Lo construyen también quienes lo habitan, su paisaje, su arquitectura, sus oficios, las historias que han sucedido en él y los usos que cada generación incorpora. Esa es precisamente la mirada que propone Territorio Sacromonte: entender el lugar como algo vivo, atravesado por habitantes, ecosistema, cultura y tiempo.
En 2026, el Festival Audiovisual Internacional Territorio Sacromonte ha celebrado su tercera edición en Granada. Su núcleo se encuentra en el Museo Cuevas del Sacromonte, en el Valle del Darro, donde se desarrolla una Sección Oficial de audiovisuales llegados de distintos lugares del mundo. Pero el festival no se limita a las proyecciones: su programación se extiende por distintos espacios del barrio a través de conciertos, exposiciones, acciones artísticas, encuentros y propuestas que buscan mirar el territorio desde perspectivas muy diferentes.
El Sacromonte ofrece un ejemplo extraordinario. Sus casas cueva, las vereas, los oficios tradicionales, la zambra, la relación con el Valle del Darro y una arquitectura nacida de la propia geografía muestran hasta qué punto paisaje y forma de vida pueden resultar difíciles de separar.
Y esa idea atraviesa también buena parte de la programación. La visita a Fajalauza permitió acercarse a una tradición cerámica con más de cinco siglos de historia; Alas del Sacromonte propuso recorrer el barrio desde su biodiversidad, identificando las especies que lo habitan; y Sacromonte escucha Morente invitó a volver a escuchar Omega, treinta años después de su publicación, frente a la Alhambra. Oficios, paisaje, memoria, música y naturaleza como distintas formas de leer un mismo territorio.
La participación de Hammam Al Ándalus en el festival nos permite trasladar esta reflexión a una experiencia concreta. Durante las jornadas celebradas en la tienda de El Jardín de Hammam, 120 personas participaron en los pases de CEDAZOS y NIÑO BEMBÓ, con todos los aforos completos y una demanda superior a las plazas disponibles. Público local, seguidores del festival y visitantes que descubrían la propuesta al pasar por la Carrera del Darro compartieron durante unos minutos un mismo espacio.

Las dos piezas dialogaban, además, de forma muy directa con esa relación entre tradición y presente. Niño Bembón reflexiona sobre la identidad de un bailaor y sobre cómo conjugar la tradición aprendida con nuevas influencias musicales. CEDAZOS, de Dani Molina, por su parte, recupera la memoria de los antiguos cantes de criba desde un lenguaje contemporáneo, combinando música en directo, espacio sonoro e instalación audiovisual.
Y el lugar no fue simplemente el recipiente de aquello que sucedía. La proximidad entre artista y público, la oscuridad, la luz tenue y el sonido del agua formaron parte de la propia experiencia. En CEDAZOS, por ejemplo, la pieza se desarrolló prácticamente a oscuras, únicamente con la proyección y unas velas.

Ese diálogo entre lugar, personas y experiencia permite establecer una conexión natural con Hammam Al Ándalus. También aquí el espacio no se entiende únicamente desde la arquitectura: el agua, la luz, los materiales, la temperatura, las personas que lo recorren y los usos que suceden dentro terminan construyendo su identidad.
Este artículo nos sirve como recordatorio de que los lugares no son únicamente aquello que conservamos de ellos, sino también aquello que continuamos haciendo en ellos.
Gracias a todos los visitantes por acompañarnos en esta experiencia.