Si visitas Málaga solo un par de días, no te comportes como cualquier turista que se precipita por intentar conocer todos sus rincones y ofertas. No podrás recorrerlo todo, aprenderlo todo, así que busca y encuentra tu propia experiencia, aquella que te hará diferente, te reconfortará y te convertirá en alguien más sabio de sí mismo.

Málaga, ciudad de los museos: imposible visitarlos todos en poco tiempo.

Málaga, ciudad del Teatro Romano, de la Alcazaba, de su catedral y sus muchas iglesias: no hay tiempo para asumir tanto pasado.

Málaga turística, vacacional, repleta de comercios y espacios hosteleros: demasiado para mucho gastar, comer, beber, que restan tiempo para tus anhelos.

Málaga cofrade, de fiestas casi constantes, de sol casi todo el año, de cielo azul lavanda, celeste, turquesa, ultramarino.

Málaga, ciudad del paraíso (como la encumbró Vicente Aleixandre): “Jardines, flores. Mar alentado como un brazo que anhela / a la ciudad voladora entre monte y abismo.”

Málaga, ciudad del mar, de la playa infinita en la que a veces cuesta abrirse un hueco de toalla y sombrilla.

Málaga fenicia, romana, árabe, contemporánea.

Todo esto, sí, pero Málaga historia, Málaga paz y regalo para el cuerpo y el espíritu. Y una de las pocas ciudades en las poder disfrutar de unos auténticos baños árabes, como lo son el Hammam Al Ándalus, en la Plaza de los Mártires, en su centro histórico y monumental.

Por eso, si visitas Málaga solo un par de días, no pretendas abarcar todas sus identidades, todas sus ofertas, el asombro de su Mediterráneo, todo su arte, toda su cultura y sus celebraciones.

Son sólo dos días, así que elige un mundo diferente, un recóndito secreto, un paraíso del agua que tiene su origen hace cientos de años y que, como un milagro, se ha recuperado en España hace solo unas décadas, tras mucho tiempo de olvido o ignorancia.

No todos los lugares que visites a lo largo de tu vida pueden ofrecerte tanto como el Hammam, que es único, que no es una postal ni una fotografía frente a un monumento, que no es un souvenir, sino una vivencia.

Otros sitios te otorgarán mar, arte, naturaleza, ocio, hostelería, paisajes.

El Hammam, en una sola entrada a su nido acuático, te da la posibilidad de poseer la simultaneidad de lo que buscas: arte recóndito, rituales armoniosos, historia ancestral, conciencia de los sentidos (aromas, sonidos, música, luz mínima que te resplandece, oxigenación, cariño para tu cuerpo, silencio, hidratación), tranquilidad para tu yo, tiempo para asentar tus inquietudes, equilibrio entre lo físico y lo espiritual.

Agua y más agua y vapor y masaje y reflexión y proyecto, sí, pero ya con otro significado oculto y misterioso que tienes que descubrir.

No lo pienses mucho. Puede ser tu visita obligatoria, tu elección más acertada, tu única oportunidad o la primera de muchas.

Es muy probable que después, por incalculable tiempo, lo evoques y agradezcas. Y tal vez quieras volver a penetrar en tanta belleza que estaba muy dentro de ti sin que lo supieras.

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